El cuento de la criada (The Handmaid’s Tale)

El cuento de la criada, The Handmaid’s Tale, de la escritora canadiense Margaret Atwood, un cuento para remover conciencias.

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¿Cómo sería vivir bajo una dictadura religiosa?¿Qué se siente cuando no tienes voz, libertad ni nombre?¿Es más fácil si no has conocido otra cosa?¿Qué pasa con los valores cuando el objetivo es sobrevivir? Son muchas las preguntas que se plantean leyendo este libro de Margaret Atwood, El cuento de la criada (The Handmaid’s Tale) publicado originalmente en 1985. Acaban de hacer una serie para la televisión, que comentan muy bien por aquí http://www.jotdown.es/2017/05/the-handmaids-tale-la-pesadilla-mujer-una-teocracia/ y se ha vuelto a reeditar.

En Gilead, un país ubicado en los actuales EEUU, se instala una dictadura religiosa puritana tras una serie de desastres medioambientales y sanitarios, entre cuyas consecuencias se da un aumento de los problemas de fertilidad, lo que convierte a las mujeres en edad fértil en algo especialmente valioso. Así, acaban convertidas en esposas, doncellas o sirvientas, se les niegan todos sus derechos y están obligadas a vestir de azul las esposas, de rojo las criadas y de verde las sirvientas, y a ocupar el lugar que se les ha asignado, especialmente duro el caso de las criadas pues su única función es procrear para aquellos hombres de la élite gobernante que lo requieran.

Lo curioso de este libro es que se plantea como una distopía, aunque su autora advierte que, realmente, no cuenta nada que no haya ocurrido en el pasado o esté ocurriendo actualmente. Sólo hay que darse una vuelta por la actualidad de algunos países árabes para hacerse una idea de lo que supone vivir bajo una teocracia, o tal vez buscar fotos antiguas, de España hace 60 años, para entender cuál es el papel de la mujer en un régimen de este tipo. Aunque la protagonista es femenina, y son las mujeres quiénes se llevan la peor parte, todos acaban viviendo bajo un régimen represor que anula la identidad, la voluntad, el pensamiento individual, en este caso, en nombre de la religión, pero es fácil ver que la religión es sólo una disculpa.

Como suele suceder en cualquier dictadura, hay una élite que goza de todos los privilegios, e incluso se consiente cierto mercado negro, de ideas o productos. Es llamativo que esas pequeñas rebeldías parecen compensar todo tipo de privaciones y ayudan a mantener el orden. Cada cuál tratará de mantener sus pequeños o grandes privilegios a costa de lo que sea y de quien sea.

A pesar de la dureza del tema, de la atmósfera desasosegante que lo impregna todo, acorde por otra parte con el ambiente con la historia, es fácil de leer. Sin necesidad de muchos detalles, ese futuro distópico resulta perfectamente creíble desde la primera página, y quizás eso sea lo más aterrador, que un mundo así sea posible, que ya es posible en algunos lugares y nos parece lo más normal.

Después de leer El cuento de la criada no vuelves a mirar de la misma manera esas fotos de mujeres árabes cubiertas por un burka de los pies a la cabeza. E incluso caes en la cuenta de que por aquí tenemos vestigios de la que supone vivir bajo la dictadura de una religión, piensa en el hábito de una monja, sin ir más lejos. Sí, es una historia dura,  y lo más duro es que, en realidad, no parece tan difícil acabar así. Mezcla, como en un cóctel, un poco de miedo, mucho pasotismo, pensar que lo que le pasa al vecino no tiene por qué pasarme a mí, nada de dar importancia a cosas que sí la tienen, a esos logros que costó mucho conseguir, y ya tienes tu cuento de la criada.

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