LORD STEVENS

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Hoy tenemos el placer de presentar el relato ganador del II Concurso de Relato corto de Urrike Liburudenda, en la categoría de mayores de 17 años, en castellano.  Se trata del relato Lord Stevens, donde Mercedes, su autora, nos cuenta una celebración de cumpleaños muy especial. Esperamos que disfrutéis tanto como nosotros de esta historia. ¡Gracias por tu relato, Mercedes, y enhorabuena!

 

LORD STEVENS

 

Lord Stevens vivía  en una gran mansión. Con el paso de los años sus hijos habían emigrado a otros países lejanos en busca de fortuna y, tras la muerte de su mujer, quedó solo en la casa. Su cuerpo se fue debilitando aunque conservaba una gran lucidez mental. Sintiéndose algo abatido decidió escribir un anuncio en el periódico. “Se necesita persona para atender a anciano en la Mansión Rochefort”, rezaba el escrito.

Como eran tiempos de hambruna numerosos individuos acudieron a la cita. Tras cuantiosas entrevistas Stevens accedió a que John fuera la persona encargada de sus cuidados.

El Lord y su asistente enseguida congeniaron y establecieron una entrañable amistad. Pero pasados unos años, Stevens fue notando que aquél caía a menudo en la rutina y le prestaba cada vez menos atención y de peor calidad. Anticipando que aquella relación podría ir deteriorándose y queriendo mantener a John siempre comprometido con su labor asistencial y de compañía, pensó hacerle un regalo cada año como agradecimiento por su ocupación, creyendo que de esta sutil manera John agradecería los obsequios con una mayor y mejor dedicación a su trabajo.

Así, el primer año, introdujo en un sobre la letra “C” y un breve texto en el que le informaba de la donación de parte de su Colección privada de Cuadros. En el mismo sobre añadió otro más pequeño y una cuartilla. John, siguiendo las órdenes del Señor, sólo debía expresar por escrito sus sensaciones al recibir tales presentes y, tras completar las palabras con las letras aportadas a lo largo de los años, recibiría un gran  obsequio como premio a su fidelidad. De este modo, el primer regalo fue recibido con sorpresa y gratitud, pues John era conocedor del valor económico de todas las antigüedades que el Lord poseía. Rápidamente le escribió argumentando su admiración. Cerró el sobre y lo dejó sobre la mesilla de noche de la habitación del Lord, siguiendo sus instrucciones. A partir de ese día los cuidados mejoraron y la atención recibida fue exquisita e incesante.

Pasó un largo período en armonía hasta que al año siguiente recibió otra carta. Ésta contenía la letra “U” y un precioso Uniforme, que le daría cierta distinción  y categoría en su trabajo. Ese año las palabras de agradecimiento fueron más leves aunque, pensando en sentirse agasajado en años posteriores, mantuvo su rectitud y buena conducta en su labor un año más.

Año tras año fue recibiendo letras (P, L, O, S, Ñ…)  y en consonancia con ellas, un regalo (una Piedra Preciosa, todos sus Libros, sus Orquídeas, su Silla de montar y hasta un Ñu).

Tras más de catorce años juntos, John continuó su atención a Stevens y, sobre todo, a sus donativos; pues al ser la única persona cercana quizás, tras la muerte del Señor, podría recibir gran parte de su costosa herencia. Así, el cumpleaños número quince recibió la letra “Z” y una botella de champán.  Supuso que aquello sería para celebrar el gran obsequio prometido. Reunió todas las letras, formó las palabras “CUMPLEAÑOS FELIZ”, las escribió en la cuartilla junto a su gratitud, cerró el sobre y lo dejó, como de costumbre, sobre la mesilla de noche. Descorchó la botella de champán y se sirvió una copa. Pronto comenzó a sentirse mal, débil, decaído, y llamó a Stevens. Éste demoró un rato su llegada pero al verlo en el suelo, retorciéndose y tomando un tono azulado, cogió una copa de champán mientras decía entre enormes risotadas: “Pensabas que te quedarías con todo y un simple sobre ha acabado con tu sueño”.

Unos días más tarde, un anuncio apareció en el periódico: “Se necesita persona para atender a anciano en la Mansión Rochefort”.

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