RESUMEN DE LA REBOTIKA DE ENERO: CUENTOS

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Érase una vez en Urrike Liburudenda, una librería de Durango escondida entre las calles del casco viejo de la villa, que el último miércoles de cada mes, un grupo de valientes lectores se reunía para compartir sus experiencias con los libros, ese objeto maravilloso contenedor de historias, aventuras, personajes inventados y reales, amor, pasión, dolor o alegría. Como había que ponerle un nombre, porque todas las cosas de verdad tienen un nombre, habían decidido llamar a su club de lectores La Rebotika. Allí, contra viento y marea, con frío, lluvia o sol, los miembros de este exclusivo club acudían con sus lecturas y sugerencias bajo el brazo, escogían su asiento y se entregaban con deleite a comentar sus libros favoritos, anécdotas sobre autores o chascarrillos del mundo literario, y de vez en cuando, se detenían para dar un sorbo a su café o mordisquear una pasta, sin perder nada de lo que se dijera.

El último miércoles de enero, nuestros valientes lectores se propusieron hablar de cuentos, porque los cuentos tienen la cualidad de ofrecer una historia destilada, despojada de lo accesorio, centrada en lo esencial. Los autores de cuentos, los buenos, son capaces de escoger las palabras precisas, ni una más, para presentarnos  los personajes, contarnos qué les sucede, cómo se sienten, y dejarnos un final abierto en el que el lector puede completar la historia. Un cuento nos da la oportunidad de disfrutarlo en un breve periodo de tiempo, y deja en el paladar ese regusto agradable que se alarga hasta mucho después de haber acabado el relato, como comer una onza de buen chocolate, plagado de matices.

Poco a poco, acunados por las voces de los clientes que se dejaban caer por el local a la búsqueda de un libro que hiciera sus días más agradables, la Rebotika se fue llenando de nombres de grandes cuentistas. Nos visitó Anton P. Chéjov, el gran maestro ruso, capaz de transportarnos en un párrafo a un granja en Rusia, conocer a La dama del perrito o saber qué fue de El violín de Rothschid. Supimos más de la vida de Osamu Dazai a través de sus Ocho escenas de Tokio. Bonnie Jo Campbell nos dejó estampas de vidas corrientes de americanos del sur de EEUU en su Desguace americano, blancos pobres enfrentados a todo, a su vida, al gobierno, a la historia. Sarah Hall nos trajo a Madame Zero y la hermosa indiferencia, cuentos perturbadores, profundamente eróticos, sorprendentes y certeros, personajes normales que pueblan la actualidad.

A la cita no faltaron autoras de la talla de Daphne de Maurier, cuyos libros inspiraron algunas de las obras maestras de Alfred Hitchcock, como Rebeca o Los pájaros. Tiene una buena colección de cuentos cuyas protagonistas son mujeres traumatizadas o perversas que se mueven en ambientes inquietantes, cargados de energías negativas. Willa Cather, cuyos libros ambientados en el ambiente de los pioneros de EEUU gozan de mucho prestigio entre quienes han disfrutado del placer de su lectura, también dejó publicados numerosos cuentos que se pueden conseguir agrupados en un solo volumen. La Editorial Valdemar ha recuperado los relatos de Dorothy M. Johnson, con títulos tan sugerentes como El hombre que mató a Liberty Valance o Un hombre llamdo caballo. Y en esta lista no podía faltar Alice Munro, premio nobel de literatura en 2013, cuya producción literaria es casi exclusivamente en forma de cuentos. En los relatos de la autora canadiense los personajes se mueven en actividades cotidianas, vidas normales en pueblos normales, donde la complejidad se esconde bajo una capa de cotidianidad.

Pasaban los minutos en la Rebotika de enero. Las agujas del reloj corrían inexorables dejando en el aire el sonido de sus tic tac, algunos de los participantes se removían inquietos buscando un acomodo que parecía serles esquivo, las galletas iban desapareciendo discretamente, y sólo un rastro de miguitas delataban el camino que habían seguido. La lista de autores de cuentos recomendables parecía no tener fin, pero claro, cómo no mencionar a Raymond Carver, con sus relatos minimalistas donde el protagonismo corresponde siempre a las clases más desfavorecidas. O El encaje roto, de Doña Emilia Pardo Bazán, título de un volumen de relatos de la autora, costumbristas, certeros, abruptos y nada complacientes. Tampoco podemos perdernos Los hombre sin mujeres, de Haruki Murakami, siete historias de amor, desamor, amistad o soledad y mucho más. Y del libro de cuentos de Eider Rodriguez Bihotz handiegia sólo escuchamos alabanzas.

En esta carrera contra el tiempo aún tuvimos oportunidad de repasar algunos títulos de la literatura iberoamerica, tan amantes del formato breve, como Borges o García Márquez, sin olvidar al rey del mircro relato Augusto Monteroso. También autoras como la brasileña Ana Mª Machado o la argentina Selva Almada, cuya recopilación de cuentos El desapego es una manera de querernos nos ofrece una vista poliédrica de diferentes personajes  cuyo elemento común es el pueblo en el que viven.

A pesar del esfuerzo de nuestros lectores por alargar la Rebotika más allá de los límites del tiempo, poco a poco, ésta fue llegando a su fin. No sin antes dar un pequeño rodeo por el terreno del cuento infantil y juvenil. Edgar Allan Poe  y sus relatos góticos tenían que salir a la palestra. Pero como lectores avezados optamos por detenernos en las vidas singulares de importantes autores de cuentos infantiles. Vidas dramáticas, autores enfermos, atormentados, que a pesar de sus circunstancias personales o, tal vez, precisamente por ellas, buscaron refugio en una producción literaria donde la imaginación desbordante, los mundos de fantasía, la posibilidad de escapar de la realidad, son la nota dominante. Los libros de Julio Verne destacan por su capacidad para anticipar algunas de las tecnologías del futuro muchos años antes de que fueran posibles pero también por los largos viajes alrededor del planeta, y lo curioso es que Julio Verne estuvo enfermo la mayor parte de su vida, y apenas pudo viajar. Tampoco visitó ninguno de los lugares que describe en sus libros de aventuras Emilio Salgari, autor prolífico que tuvo que vivir el suicidio de su padre y de sus dos hijos, y finalmente decidió terminar con su propia vida. Lewis Carroll, seudónimo de Charles Lutwidge Dodgson, es el autor de Alicia en el país de las maravillas. Además de en la literatura destacó como matemático y fotógrafo. No obstante, su vida está llena de claroscuros, desde el consumo de estupefacientes hasta sus comportamientos “extraños” en su relación con los niños. Y, si hablamos de escritores con vidas singulares, no podemos dejar de mencionar al autor de El Principito. Antoine de Saint-Exupery, piloto y aventurero, un día salió a volar y ya no volvió a saberse de él. Los restos de su avión fueron encontrados en el año 2000, aunque las circunstancias exactas de su muerte siguen envueltas en el misterio y la polémica.

Y así, hablando de misterios y de libros, de escritores singulares o de lecturas imprescindibles, nuestra aventura en la Rebotika de enero llegó a su fin. Tristes por tener que separarnos pero felices por los cuentos compartidos y le certeza de volver a reunirnos alrededor de un buen puñado de libros, cada cual partió con rumbo desconocido, dejando que la noche amortiguara sus pasos. Tras salir el último, Urrike Liburudenda apagó la luces y cerró la persiana, ocultando a ojos de curiosos lo que traman sus libros cuando nadie mira. Pero esa es otra historia.

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