RESUMEN DE LA REBOTIKA DE NOVIEMBRE: LIBROS PARA EL FIN DEL MUNDO

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El mundo se va al carajo. O puede irse. Un meteorito gigante, una plaga devastadora, la bomba atómica, el cambio climático, un virus fuera de control o una guerra, cualquiera de ellas o todas a la vez. Tal vez no se acabe el mundo, pero la sola idea ha dado lugar a un buen número de libros que lo relatan con pelos y señales, como si su autor tuviera la posibilidad de ver el futuro, uno muy negro para el ser humano, y para la civilización tal y como la conocemos. Y de esto ha ido la última Rebotika, ya saben el club de lectores de Urrike Liburudenda, un repaso a libros no aptos para pusilánimes, de esos que ponen a la humanidad contra las cuerdas y nos dejan ver lo peor y lo mejor de todos nosotros.

Cuando de lo que se trata es de aventurar qué tipo de desastre va a cargarse todo nuestro mundo, parece que las obsesiones y miedos del momento tienen mucho peso. Así, Cormac McCarthy da a entender que un invierno nuclear ha caído sobre la tierra en La carretera, obligando a lo que queda de humanidad a vagar de un lado a otro, desconfiando de todo el mundo porque, en ausencia de civilización, el mayor peligro son las otras personas. Un padre y su hijo recorrerán un largo camino en busca de una promesa de salvación que pueden tener más cerca de lo que piensan. La novela consigue mantener una atmósfera gris y deprimente, una angustia por lo que sucederá que comparten protagonistas y lectores. La versión para el cine de 2009 consigue mantener esa tensión y se mantiene fiel al libro.

Los intentos para vencer la enfermedad y la muerte por parte de la ciencia pueden terminar por provocar una epidemia que liquide la humanidad, salvo que consideremos que una comunidad de infectados, vampiros, zombies, ponga aquí cada cual su monstruo favorito, capaces de organizarse puedan ser considerados civilización. En un planeta así, un hombre inmune al virus terminará por ser casi mítico, como nos cuenta Richard Matheson en su clásico Yo soy leyenda. El último hombre vivo tendrá que asimilar su naturaleza de excepción en una civilización dominada por vampiros, frente a los que lucha y que terminan por verle casi como a un dios. Una vez más, el desastre sirve al autor para reflexionar sobre la naturaleza humana, la civilización y algunas cosas más. Hasta la fecha, hay tres versiones del libro que se han llevado al cine, siendo las dos primeras las que mejor mantienen el espíritu del libro.

Los cuatro jinetes del Apocalipsis es, probablemente, la novela más popular de Vicente Blasco Ibañez. En 1919, tres años después de su publicación, fue la novela más vendida en EEUU. Está ambientada en la I Guerra Mundial, la que entonces se conocía como la Gran Guerra, porque aún no sabían lo que vendría después. La capacidad de la humanidad para desarrollar armas capaces de aniquilar todo a su paso es la causa de la destrucción de la civilización, y trató de ser un aviso para generaciones futuras. Como hemos sabido por lo que vino después, no tuvo mucho éxito.

En plena celebración de la Cumbre del Clima de la ONU, hay quien aventura que esta será la causa de nuestra colapso como civilización. Así lo narra la escritora británica Sarah Hall en su novela Hijas del Norte. Gran Bretaña ha sucumbido a un régimen totalitario, favorecido por un desastre climático que condena a la población a la miseria. La protagonista huye de la ciudad en busca de una comunidad de mujeres atrincheradas en las montañas, que han logrado mantenerse aisladas de todos. Allí se descubre a sí misma, adquiere habilidades de supervivencia y se prepara, junto con las otras, para hacer estallar una revolución que devuelva al pueblo lo que le ha sido arrebatado. Las cosas después no resultarán tan sencillas y la vida en comunidad no será el oasis que imaginaba la protagonista, pero esto es algo que cabe esperar, porque las personas somos buenas y malas a un tiempo, aún cuando el mundo se haya convertido en un lugar inhóspito.

A veces no hace falta que se acabe el mundo para vernos todos abocados a un futuro desgarrador. José Saramago propone una causa inverosímil en Ensayo sobre la ceguera, pero el resultado viene a ser el mismo. Cuando las personas nos enfrentamos a un futuro incierto terminamos por volvernos unos contra otros, dejando que impere la ley del más fuerte. El miedo a lo desconocido, el afán por sobrevivir e, incluso, el deseo de medrar a costa del sufrimiento de los demás, muestran la cara de una sociedad enferma de egoísmo. Si trascendemos la metáfora de la ceguera, el reflejo que nos devuelve como sociedad este espejo en forma de novela no puede decirse que sea muy favorecedor.

Definitivamente el mundo puede irse al carajo cualquier día de estos. Pero no es eso lo peor que puede pasar. Lo peor es despertar en un mundo en escombros, haber sobrevivido y no saber por dónde empezar a reconstruir todo esto. Y ya que estamos de obras, tal vez sea un buen momento para hacerlo mejor. Esto es justo lo que propone Lewis Dartnell en Abrir en caso de Apocalipsis. Un divertido y estimulante libro de divulgación científica, donde recoge y explica los conocimientos mínimos para volver a montar la civilización y hacerlo mejor que antes del desastre. Porque sí, la humanidad y su afán de crecer puede que nos haya convertido en una plaga para nuestro propio planeta, pero también poseemos conocimientos que han permitido erradicar enfermedades terribles, crear obras maestras y pisar la luna. Es decir, algo habremos hecho bien, y conviene que un desastre cualquiera no nos haga olvidarlo.

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