RESUMEN DE LA REBOTIKA DE FEBRERO: AMORES QUE MATAN

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Resulta que hay una pandemia o algo así que nos hace estar a todos en casa, confinados a las cuatro paredes de eso que llamamos hogar. Ya son unos cuantos días de anular unos planes y hacer otros nuevos, de reordenar nuestra vida en torno a actividades circunscritas a unos pocos metros cuadrados, de ignorar las noticias, el whastapp, la televisión. Levantarse, desayunar, leer, un café, leer, comer, leer, la merienda, leer, leer, leer y dormir. Tampoco parece tan horrible, excepto si no te gusta leer. Por suerte, no es mi caso. Por suerte tengo librería de cabecera, Urrike Liburudenda, y un buen surtido de libros. Por suerte, tengo pendiente subir a este blog el resumen de la Rebotika de febrero, ya sabes, el club de lectores de Urrike Liburudenda, el último que hemos podido celebrar en vivo y en directo. Estuvimos charlando de amores que matan y de libros que nos hablan de amores de esos para olvidar. Aquí va el resumen.

El amor lleva entre nosotros, los humanos, tanto como nosotros mismos, formando parte indisoluble de quienes somos, por exceso o por defecto, a veces tenemos de más y, otras, parece que vayamos a morir de pura carencia. Nacemos sometidos al amor de nuestros padres, crecemos y descubrimos que el amor se transforma en otra cosa cuando tropezamos con la persona adecuada o inadecuada, eso lo sabremos luego. El primer desengaño nos rompe, nos quiebra, pero acabaremos por saber que pasará. El amor, como fuente de inspiración literaria está desde el principio, desde que creamos la escritura para dar inmortalidad a los pensamientos.

Pues bien, un clásico como Madame Bovary, de Gustave Flaubert, nos habla de amor obsesivo, de amor dirigido en la dirección equivocada, capaz de transformar una vida en un tormento, y sabemos que no acabará bien, tal vez como advertencia para futuros usuarios. Tampoco acaba bien Justine o los infortunios de la virtud, obra del Marqués de Sade, donde nos narra las desventuras de Justine, ingenua y bondadosa, que cuanto más se esfuerza por obrar con rectitud, más cae en manos de desalmados, pasando de un crápula a otro.

Usar el amor como herramienta de escala social, ascender a golpe de enamorar damas de alta alcurnia, de eso va Rojo y Negro, de Stendhal, y de mucho más. Todo un tratado del trepa social y de cómo decir en cada momento aquello que los demás quieren escuchar. El amor como arma.

Hay personas que nacen con la capacidad de atraer el amor, y personas que se sienten atraídas por ellas, a su pesar. Porque el amor tiene dos caras, la de quien ama y la quien es amado, y a veces, para amar, hay que hacerlo a sabiendas de que el objeto de nuestro amor no lo merece, que se aprovecha de nosotros y nos maltrata. En Historia de un canalla, Julia Navarro nos habla de un hombre capaz de enamorar a una mujer tras otra, de aprovecharse de ellas, de sus sentimientos, de maltratarlas hasta el hastío, y no ser castigado si no con más amor, porque es guapo, atractivo, encantador. Hasta que se hartan, hasta que se conocen y se encuentran.

El amor puede sorprendernos en cualquier momento y contra cualquier persona, así, sin avisar. Un día cualquiera eres violada en tu propia casa y terminas estableciendo un vinculo con tu violador, una relación retorcida y desagradable, que te obliga y te hace sentir asco. Y decides que eso no es más fuerte que tú, que no vas a dejar que condicione tu vida. No es fácil, pero harás lo que tengas que hacer para protegerte a ti y a los tuyos. Esto es lo que nos viene a contar Philippe Djan en su novela Oh!, llevaba al cine por Paul Verhoeven.

La lealtad es un sentimiento que comparte ramificaciones con el amor. El problema llega cuando se es leal a un amor de juventud, desigual, donde alguien aporta experiencia y conocimiento, y el otro juventud e inexperiencia. Y sin saber cómo, tu vida acaba anclada a ese amor que no puedes vivir, que sabes que no podrá ser y que te impide considerar en serio cualquier otra alternativa. Eres leal, a tu pesar, y aunque ese  sentimiento te destruya. Así lo cuenta Letizia Pizzelli en su novela Lealtad, con letra firme.

Perder el amor nos puede dejar al borde de la aniquilación, incapaces de sentir, de ver a los demás. Recoger nuestros pedazos puede llevar mucho tiempo, y tal vez la solución venga de la mano de alguien que huye, como nosotros, de un amor destructivo. Carlos Egia teje las historias desgarradoras de los protagonistas de La leyenda del desierto, personas que se encuentran mientras corren a esconderse.

El amor de una madre casi lo damos por supuesto. Poco nos horroriza tanto como saber que hay mujeres que no aman a sus hijos, quizás porque no saben cómo. Las crónicas del desamor, de Elena Ferrante, son tres novelas donde el amor brilla por su ausencia, y nos dejan un relato de las consecuencias grabadas en la piel de quienes lo sufren. Tres novelas que tiene en común un estilo descarnado, desasosegante y cruel, tejido con palabras y silencios, a las que no les sobra ni una coma.

Hay quien nace para perder. No importa lo que haga, su vida irá de chapuza en chapuza hasta acabar mal, o bien, según se mire. El protagonista de Requiem por un sueño, de Hubert Selby Jr., es un joven veinteañero, adicto a la heroína. Su amor se reparte entre su madre, su novia Marion y la droga. Las ama a las tres y no puede prescindir de ninguna. Tratará por todos los medios de complacerlas sin darse de cuenta de que eso es imposible, al menos en esta vida, al menos con vida.

La palabra amor tiene un reverso tenebroso en la palabra celos. Un sentimiento tan potente que no nos deja ver más allá, que nos impide sentir otra cosa que la ausencia del ser amado, lo que no nos da, o lo que pensamos que nos debe. Los celos no son amor, por más que se le parezcan, a veces. Harry Crews nos habla de amor y de celos en La maldición gitana. Su protagonista, Marvin Molar, tiene unas piernas diminutas, es sordo y mudo, y sobre todo, pesa sobre él la maldición gitana: “¡Que encuentres un coño a tu medida!”. Y vaya si lo encuentra en Hester, una chica normal y preciosa que le quiere. Y eso no lo entiende, y los celos van carcomiendo su historia.

Y así pasamos la tarde de la Rebotika. Por supuesto, hay más libros que hablan de amores que matan, de amores oscuros y perversos. ¿Cuál es tu favorito?

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