LA MANO INVISIBLE, DE ISAAC ROSA

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¿Qué pasaría si ponemos a trabajar a un albañil, un mecánico, un carnicero, una operaria de montaje, una secretaria y una teleoperadora para que el público pueda verles? ¿Cuántas veces te has parado a pensar en quién limpia las oficinas o los edificios? Que levante la mano quien no haya pensado nunca que trabajar sentado frente a un ordenador no es trabajar. Estas y muchas otras preguntas te surgen después de leer La mano invisible, de Isaac Rosa.

 

La mano invisible, novela publicada en 2011, nos cuenta cómo un grupo de trabajadores que firman un contrato para desempeñar su oficio con público, sin el objetivo de producir nada, sólo para que se les vea trabajar, viven esta extraña experiencia en primera persona. Vamos conociendo cómo vive cada uno su trabajo, cómo eligió su oficio o terminó en él por circunstancias de la vida, cómo el hecho de tener que hacerlo para un público no es lo más extraño que les ha tocado vivir en un mercado de trabajo deshumanizado, dónde las personas, en realidad y a pesar de los mensajes en sentido contrario, solo valen en cuanto que producen y mientras lo hacen.

El libro se publicó en mitad de esta crisis de la que ya llevamos varios años saliendo, según parece, pero de la que no acabamos de salir, y que se ha llevado, entre otras cosas, muchos derechos laborales que ya dábamos por sentado. Pero hace más, nos obliga a ponernos en el lugar de otros, en la piel de personas sin las que no tendríamos casa o no encontraríamos listos para comer los filetes de nuestra carne favorita. Trabajadores que vemos a diario, como el camarero de nuestro bar favorito, el segureta que da vueltas por el polígono o la señora de la limpieza con la que nos cruzamos al salir de la oficina. Incluso llegamos a sentir simpatía por la teleoperadora, obligada a hacer un trabajo ingrato por un sueldo mísero porque no tiene más remedio.

El libro pasa de un personaje a otro, dejándonos una descripción exhaustiva de su trabajo, de sus pensamientos, de cómo se sienten a medida que pasan las horas o aumenta la carga de trabajo arbitrariamente. Lo hace con un estilo y un lenguaje que se adapta al protagonista, que nos cuenta su historia con voz íntima, encajando las palabras en el ritmo de trabajo, reiterativo muchas veces, aburrido, asfixiante.

La mano invisible nos habla de este mundo un poco absurdo que nos hemos montado, donde se habla sin parar de lo mucho que dignifica el trabajo a la vez que muchas personas se ven obligadas a trabajar en condiciones denigrantes. De la locura que supone producir a un ritmo absurdo para que podamos consumir aún más absurdamente. Habla de una sociedad del despilfarro donde lo importante es comprar barato, comprar sin parar, sin pensar lo que eso significa en cuanto a consumo de recursos, contaminación, despilfarro de bienes y, sobre todo, despilfarro de personas.

A pesar de la dureza del tema se lee del tirón. Da cierta esperanza ver con cuánta dignidad se conducen algunos de los personajes, cómo se sobreponen a las dificultades, cómo encuentran la manera de ayudar a otros. Y da esperanza por que tal vez no todo esté perdido, tal vez como sociedad seamos capaces de hacerlo mejor en el futuro. Tal vez. Si nos lo proponemos.

RENTA BÁSICA (FREE LUNCH SOCIETY)

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