LA REBOTIKA DE NOVIEMBRE Y LA LIBRERÍA

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En castellano, la palabra librería se refiere tanto al lugar donde se venden libros como al mueble que los acoge, a diferencia de lo que ocurre en el inglés o el francés, por ejemplo, donde el comercio que vende libros recibe un nombre, Bookstore o librairie y el mueble recibe otro, bookshelf y étagère, respectivamente. La primera librería que recuerdo con cierto cariño era el conjunto de muebles abarrotados donde se guardaban los libros, en el internado de monjas donde estudié algunos años, hace ya muchos años. Allí recibía el pomposo nombre de biblioteca, aunque no era más que un mueble de salón, de esos de madera oscura con algunas puertas acristaladas con cerradura, en el que se guardaban bajo llave libros de literatura juvenil aptos para jovencitas en formación, muchas vidas de santos y otros libros piadosos. El acceso a esos libros estaba estrictamente regulado, como tantos otros aspectos de la vida allí, y pronto aprendí a forzar la débil cerradura que se interponía entre mi recién descubierto gusto por los libros y yo. Durante los periodos de vacaciones, con mi nuevo vicio bajo el brazo, no podía mantenerme apartada de la librería que, en casa de mi madre, albergaba lo que entonces me parecía una multitud de libros, atesorados allí por mi hermana mayor, a quien nunca agradeceré lo suficiente haberlos puesto a mi alcance.

Con los años, la vida de estudiante me fue poniendo frente a otras librerías, de bibliotecas, de tiendas, de amigos, de donde iba extrayendo mi ración de libros y un deseo anhelante de poseer una biblioteca propia, filas y filas de estanterías adueñándose de todo el espacio disponible. En esos años, con una vida transhumante, acumular posesiones parecía poco práctico. Cada curso una nueva habitación, cada verano, vuelta a casa. Era capaz de cargar con todas mis posesiones que se reducían a algo de ropa, material de estudio, un radiocasette, un despertador y muchos sueños.

Cuando por fin establecí una residencia fija, algo así como un hogar, empecé a poner en marcha mi viejo sueño. Libros que ya había leído de prestado llegaban a mi casa para ocupar un lugar permanente. Libros que me apetecía leer atrapada por la portada o la contraportada, libros de los que oía hablar, libros de todo tipo se fueron sumando en silencio a otros que ya estaban acomodados en estanterías dispuestas sin ton ni son. En esos años empecé a visitar librerías, esos comercios que venden alimento para el alma, a maravillarme por la cantidad de libros que se acumulaban entre sus paredes, como si tuvieran vida propia. Adquirí la costumbre de buscar librerías peculiares cuando viajaba y traerme como souvenir un libro.

Siempre he sido persona de costumbres más o menos fijas. Me gusta tomar el café en el mismo bar, suelo parar en la misma estación de servicio en ciertos viajes, prefiero el pasillo a la ventanilla y comprar el pan cada día, aunque eso signifique tirar una cantidad nada desdeñable a la basura. También cuando se trata de comprar prefiero recurrir al sitio de siempre, alguno que me de confianza y me consiga lo que necesito. Con este espíritu aventurero me dispuse a localizar una librería que satisficiera mis necesidades en cuanto libros. Fui recorriendo metódicamente las calles del pueblo, trazando círculos concéntricos que tuvieran como origen mi casa, hasta dar con Urrike Liburudenda. Tuve suerte. La librería que necesitaba resultó estar a la vuelta de la esquina, casi más cerca que el bar, de camino a la panadería. Aunque nadie lo diría viendo el escaparate, ocupa una extensión de varias hectáreas, al menos esa es la impresión que tengo cada vez que entro, porque voy recorriendo estantería tras estantería, buscando libros que leer, pequeños tesoros que han quedado arrinconados por novedades relucientes, subo a la entreplanta, porque allí también hay pequeñas maravillas, rebusco por la escalera o me quedo en un rincón donde parecen reproducirse las obras maestras. A veces me preocupa no llegar lo bastante temprano para que me de tiempo a verlo todo antes de que cierren.

En esa entreplanta se organiza el ultimo miércoles de cada mes la Rebotika, el club de lectura o lectores de Urrike Liburudenda. Este mes, como estamos de celebración, vamos a hablar de libros que hablen sobre librerías, libros que cuenten la vida de libreros o cuya acción tenga lugar en uno de esos establecimientos. Y lo cierto es que hay muchísimos libros sobre este tema, y esperamos descubrir unas cuantas lecturas interesantes. Nos vemos el miércoles 28 de noviembre a partir de las 18:30h en Urrike Liburudenda. Al café, estáis invitados.

¿Cuál es tu libro favorito sobre una librería?

 

 

2 Thoughts on LA REBOTIKA DE NOVIEMBRE Y LA LIBRERÍA

  1. Los 4 libros que componen la saga El laberinto de los espíritus de Ruiz Zafón.
    Inolvidables.

    Reply
    • Desde luego esos libros tienen en la librería un protagonista importante. Gracias!

      Reply

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